Pensé que ya te había olvidado.
Hoy, mientras tomaba una ducha, mi celular sonó, el tono de la llamada llenó la habitación que antes sólo la ocupaba el vapor del agua caliente. Dejé que la llamada se perdiera; hace tiempo que ya no espero que nadie llame -si es algo importante volverán a llamar- pensé, mientras esperaba inquieta a que ese tono dejara de sonar y yo pudiera seguir escuchando música.
Después de un par de minutos decidí salir de la ducha. Cepillé mis dientes antes de por fin salir, me dirigí hacia el cuarto y mientras encendía las luces en busca de mi celular por un segundo mi corazón se detuvo, tu nombre pasó por mi mente como un susurro.
La puta ilusión de que fueras tú me hizo sentir mareada. Tomé el teléfono y, para no variar, no era tu nombre el que aparecía en la pantalla y de nuevo el corazón me volvió a doler y entre dientes tú nombre grite.

